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Soy un capullo. En serio, un capullo. Os lo explico:
En las últimas semanas Radiohead habían copado todas las portadas de la prensa especializada y prácticamente todos los suplementos de prensa “seria” (ya sabéis, esa que habla de la bandera, la constitución, el Rey y de Mariano Rajoy) con el lanzamiento de su nuevo disco: In Rainbows. La clave no era el nuevo disco en sí, si no su formato. De hecho el formato es que no hay disco. In Rainbows sólo está disponible como descarga por internet, pagando la voluntad. Ahí estaba la noticia, por primera vez un grupo grande y en plena forma regalaba –potencialmente- sus canciones.*
Pero de ahí también surge un problema para el usuario. ¿Cuánto pago? Quiero decir, mucha gente (entre los que no me incluyo, dado que soy masoca) no se había comprado un disco desde que se oyó por primera vez hablar de la palabra “emule”. El argumento esgrimido era algo así como: No pienso darles un duro a las malvadas compañías discográficas que roban a los pobres para dárselo a los ricos representados metafísicamente por una enorme estatua bañada en oro de un magnate/mangante de los negocios dándole la mano a Ramoncín . La idea a mi juicio no era del todo consistente, pero desde luego había una parte importante de razón en esa frase. Pero ahora, sin intermediarios, la cosa es diferente. ¿Cuánto vale un disco? Ni idea, nadie lo sabe. Mi primera deducción (triple cabezazo a la pared) fue: Depende del disco. Así que ni corto ni perezoso me puse a descargar In Rainbows sin pagar un duro, así a lo bestia. Me lo escuchaba y pagaría en función de lo que molase. Al fin y al cabo ni si quiera había salido un single, era imposible aventurar la calidad del objeto (que no es objeto) en cuestión. Y además los últimos de Radiohead no me gustaron tanto como la etapa de The Bends y OK Compupter. Eran buenos, sí, pero ya no me emocionaban como antes y me parecían menos “consistentes”. Y anda que no me habré comprado yo discos de otros grupos que han resultado ser un bodrio, de esos de tirar el dinero. Así que el nuevo disco lo mismo era un puñetero bluff. Que me iban a timar a mí, ¡ja!
Pues bien, como iba diciendo antes: soy un capullo. Porque al decidir qué precio pagar no me acordé de algunos de aquellos CDs a 15 euros que a la postre resultaron ser baratos. El propio OK Computer que tengo ya rallado a pesar de que los CDs no se rallen es un buen ejemplo. Me habrá salido a 20 céntimos la escucha, o menos. Y ahí llega el problema. Tras tres escuhas me parece que In Rainbows alcanza la brillantez de aquella primera etapa de Radiohead, no es sólo el grupo original y que sorprende, también es aquel grupo que emociona y que algunos tanto echábamos de menos. Así a priori el disco es bastante redondo, con una segunda mitad antológica. Si he de escoger alguna canción por ahora me quedo con Reckoner, pero me da que mi criterio irá cambiando. En fin, que soy un capullo. Si quiero mantener tranquila mi conciencia tendré que comprarme la megacaja con material extra y chorradas que ofrecen, por capullo. También ir al concierto si vienen, pero eso será un placer.
*No, que lo hiciesen Prince o los Smashing Pumpkins cuando no interesaban ni a sus padres no cuenta. Ni que regale un disco alguien que no puede venderlo de forma convencional. Esta es la primera vez que alguien se juega pasta de verdad.
Y es que en el fondo nos da igual
Todo lo que sea
Con tal de seguir enchufaos…
Mayz
La eterna canción sin letra
Al final resultará que estas estúpidas estrofas que garabateé aquel jueves víspera de un concierto han resultado ser la cosa más profunda que haya llegado a escribir.
Manda huevos, desde luego…

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