Hay veces que las columnas, por mucho que se esfuercen, por muy resistentes, perseverantes y arquitectónicamente tozudas que sean, no pueden ocultar que lo que sostienen es nada. En todo caso la nada no se entera demasiado, diría yo.
Roma bien. Maja, con sonrisa italiana, lluvia belga a ratos y tardes de color azul. Un día, frente a la Fontana de Trevi, me tomé un helado y me sentí como una versión low cost de la estatua de la libertad. Y claro, ese tipo de cosas no tienen precio.
En fín, debo haberme vuelto tonto, porque ya no sé escribir crónicas de viajes. O peor aún, ya no las sé publicar… o siento una invisible presión social para que no lo haga… mmm… me da la sensación de que el mundo ha envejecido de golpe mientras yo intentaba dormir, tal vez soñar, aunque fuese despierto…

2 comments
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Marzo 9, 2008 en 7:07 pm
il estatore
te leo entre poético y apático…
Nos vemos
Marzo 10, 2008 en 1:31 am
jbmdo
Has dado en el clavo, has dado en el clavo…