Lo bueno de no cerrarse puertas es que no te cierras puertas, lo malo es que casi siempre tendrás que decidir.

Hace unos días me sentía como la bolita esa que da vueltas a la ruleta. Diferentes, sitios, diferentes especialidades, todo diferente e intercalado en una incomprensible lista que había elaborado hacía un par de semanas siguiendo quién sabe qué criterio.

El deporte nacional, dicen. Oposiciones.

Cuando se acercaba el momento fatídico en el que tenía que escoger plaza mi lista había ido mutando hasta algo totalmente abstracto, que incluía números muy altos y números muy bajos, especialidades diferentes en ciudades diferentes. La mezcolanza que se había plantado en los primeros puestos podría servir para ilustrar un monográfico sobre “la globalización de la sanidad pública”, o algo así. Igual probaría algo nuevo, igual me marchaba de casa, tal vez acabase en otra ciudad. En fin, tendría que decidir, todo ello en pocos segundos. Mis predecesores avanzaban, paso a paso, añadiendo borrones a la -por suerte- cola de mi lista. Antes había visto de todo, gente feliz, gente llorando, gente rebotada, gente que se había quitado una careta que en el fondo sólo ellos veían.

Al final pude escoger y todo. La especialidad que me-apetecía-pero-que-no tenía-salidas-pero-que-resulta-que-al-final-va-y-si-las-tiene y el hospital que significaba quedarme en mi casa y a la postre también irme de casa.

You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
You can’t always get what you want
But if you try sometimes you might find
You get what you need

Se acabó el proceso, a partir de ahora volveré a escribir sobre cosas realmente importantes :)