You are currently browsing the category archive for the 'fotos' category.
Cuando un concierto me gusta mucho entro en un estado de semitrance bastante curioso.
Cuando un concierto no me gusta nada me marcho/duermo.
Cuando un concierto se me hace agradable pero sin pasarse observo a la gente a mi alrededor.
Esto fue el sábado.
Nacho Vegas & Christina Rosenvinge + Raülmoya y El Trio Miniña + Belmez.
Estuvieron todos correctos, pero no acabé de conectar del todo con ninguno, diría yo…
Hay veces que las columnas, por mucho que se esfuercen, por muy resistentes, perseverantes y arquitectónicamente tozudas que sean, no pueden ocultar que lo que sostienen es nada. En todo caso la nada no se entera demasiado, diría yo.
Roma bien. Maja, con sonrisa italiana, lluvia belga a ratos y tardes de color azul. Un día, frente a la Fontana de Trevi, me tomé un helado y me sentí como una versión low cost de la estatua de la libertad. Y claro, ese tipo de cosas no tienen precio.
En fín, debo haberme vuelto tonto, porque ya no sé escribir crónicas de viajes. O peor aún, ya no las sé publicar… o siento una invisible presión social para que no lo haga… mmm… me da la sensación de que el mundo ha envejecido de golpe mientras yo intentaba dormir, tal vez soñar, aunque fuese despierto…
Saqué esta foto el pasado domingo en Francia, al cruzarnos con una manifestación improvisada de kosovares, exultantes por su recién adquirida independencia. Sin meterme en las razones de tal declaración –por lo que sé plenamente justificada, aunque con la censura y los sesgos que hay desde aquí es difícil formarse una opinión fiable- debe ser duro ahora para ellos depender casi exclusivamente de la publicidad. Sin los medios mirándoles, con sus propios problemas de infraestructuras y la “ayuda” de rusos, serbios y mafiosos aquel país puede convertirse en un infierno, aunque supongo que ya estaban acostumbrados. Así que pongo mi granito de arena para que penséis en el tema, para que ese rincón del tamaño de Asturias no quede aplastado por una versión chapucera de la guerra fría. Ya han sufrido suficiente para seguir siendo marionetas.
Sobre mi mesilla de noche hay una torre de vasos de cristal.
Antes había libros, de hecho sigue habiéndolos, pero presidiéndolo todo hay una torre hecha con cinco vasos de cristal. Alguno de ellos aún contiene un poco de agua, que se condensa en sus paredes, intentando salir de tan absurda edificación.
Cada noche añado un vaso más a la estructura, ni idea de hasta cuando pienso hacerlo pero es bastante evidente que la masa crece y crece y -quién sabe- tal vez un día acabe llegando al techo, incluso a perforarlo.
Creo que la inspiración para tamaña obra me viene del edificio que están levantando frente a mi habitación. En los últimos meses me he vuelto un consumado experto en el arte de la construcción, se diferenciar a la perfección el ruido de los dos taladros neumáticos de mis nuevos vecinos, distingo sin la más mínima duda cual es operario que maneja la máquina de cortar ladrillos y –lo más importante- me sé de memoria los pasos del proceso. Vendría a ser esto: aparta las tablas que protegen al andamio despertando así a los vecinos (7.20 de la mañana), desayuna (8.00), trabaja silenciosamente (8.30-11.26), raja ladrillos (11.26-12.30), hormigonea (13.30-13.30), a comer (13.30-15.00), raja más ladrillos (15.00-hasta que te canses), piropo a transeúnte (depende del horario de la/s transeúnte/s), silba buleria buleria (constantemente, se ve que es una parte importante del proceso), raja un par de ladrillos más (justo antes de irte, no sea que alguien eche la siesta), vuelta pa casa (la construida, no la obra). Y eso lo he aprendido con las persianas cerradas, vamos que cualquier día me pongo una venda en los ojos, subo a un acantilado desierto en plan Steven Seagal entrenándose en artes marciales y os construyo la Capilla Sixtina o –más acorde con mis maestros- una versión siniestra de Marina d’ Or.
Por lo pronto soy modesto y hoy añadiré otro vaso, algún día mi torre tocará el cielo.
Volvió a arder la llama olímpica en un mundo torcido, en el que al final resulta que todo es lo que parece y todo parece confuso.
Flotaba la llama, consumiéndose a si misma, en un vano intento de recordar un espíritu que ya no existe, tal vez nunca haya existido, o tal vez siempre haya sido proclive a consumirse a si mismo ante la mirada de un divertido espectador.
La llama olía a gas butano, propano o insano, saliendo de la nada para convertirse en aire y ser respirada por los pocos curiosos que se acercaban a contemplarla.
¿Qué significa el deporte?- me preguntaba la llama y yo sin responderle, no soy un experto en el tema, lo mismo no significa nada, por qué todas las cosas han de tener un significado.
¿Qué significa el olimpismo? Pues ni idea, supongo que como todos los ismos no es más que una buena excusa para coger una bandera, realizar un esfuerzo y formar parte de algo, al menos por un instante, en un mundo que se expande y se contrae a una velocidad que da demasiado miedo como para ser reconocida.







Comentarios recientes