You are currently browsing the category archive for the 'gritos al aire' category.
Vale.
Aquí estamos, teclado en mano… azzzzzzzzzzaaaaaaaaaaaaaaaaaa… bueno, en mano no que al sujetarlo aprieto teclas sin querer. Pero, a lo que iba, intentaba actualizar esto con algo congruente. El problema es que aparentemente tengo las ideas afectadas por la pertinaz sequía esa que sale en el telenoticies y no se me ocurre nada interesante que escribir.
El maldito embotamiento puede deberse a que esta mañana me he puesto a ordenar mi lista para escoger plaza de opositor/residente y la verdad, me siento como el protagonista de uno de esos estúpidos concursos presentados por un Ramotxu cualquiera. Aquí estoy yo, Jose Luis, agricultor de Huelva (nombre e identidad falsos, oficio nunca se sabe) en un brillante plató de televisión lleno de sonrientes espectadores, perplejo ante una estruendosa música ratonera. En frente tengo al presentador, un tipejo con corbata al que mi suerte le importa un rábano –y lo digo yo que soy un ficticio agricultor que debería saber algo de hortalizas- ofreciéndome cosas del estilo de: “Te cambio lo que hay en la puerta A por lo que esconde el cofre B y además un viaje a Sevilla”. O “te doy la mitad de la puerta A y un piso en Oviedo”. O “Un viaje a Madrid y disfruta de lo que se oculte detrás de C pero sin la nevera”. Mientras tanto los amigos que han venido de público gritan “Pilla la opción C y Teneriiiiiiifeeeee, no seas burroooooo, que te iremos a visitaaaaaarrrr!!!”. Y la Familia: “¡¡La A, la A, que no te líeeeeeeen!!”. Y gente que no he visto en mi vida: “Esto, o lo otro, o lo de más allá, ¡¡cómo mola opinar sin entender nada!!” Mientras tanto yo, ficticio Jose Ramón o Jose Luis o lo que sea- que tanta algarabía me ha hecho olvidar hasta mi nombre- todavía ficticio pero ya no tan pacífico agricultor de Huelva, pido a la tierra que me devuelva el favor de tanto labrar y tenga la bondad de tragarme, aunque sea por un rato, que seguro que se lo sé compensar.
Así que ya sabes, sufrido lector, la próxima vez que veas un concursejo de esos apiádate del protagonista, que tendrá premio seguro, pero también seguro que está deseando que acabe todo ese tinglao, que le den su botín (casa en Mallorca, tienda de camping en Murcia, sombrero Mejicano en las Ramblas, lo que sea) y que le dejen salir del dichoso plató y vivir su vida –nueva o vieja, pero la suya al fin y al cabo.
¡Hola a todos!
Después de unos meses de actualizaciones birriáticas y poco inspiradas por culpa de ya-sabéis-qué, vuelvo a meterme en el blog con renovadas fuerzas. A día de hoy me siento tan comunicativo que os voy a hablar de uno de los temas universales de la filosofía/teología. Se trata de El Infierno y, en un alarde de espíritu emprendedor, para que podáis contarlo a las generaciones futuras, me he documentado a conciencia. De hecho… he estado allí.
El infierno es un aula de la escuela de arquitectura de Barcelona.*
Cuando uno llega al infierno aparece sentado en una silla de madera muy incómoda, rodeado de otros pobres condenados que, al igual que tú, se están preguntando seriamente cuales son los pecados que habrán cometido para acabar allí. El infierno está horriblemente organizado, sobre cada silla hay un post-it con el nombre de su ocupante y las almas en pena están colocadas por orden alfabético en sus respectivos asientos. Por cierto, las sillas además de ser incómodas bailan, que para algo estamos donde estamos.
Evidentemente hace un calor tremendo, aunque no hay llamas, eso sería demasiado prosaico. La realidad es muy distinta, el horror del lugar es más psicológico. En el infierno cada uno se encuentra con lo que más teme. Y quien me conoce ya sabe perfectamente que es lo que más odio/temo en este mundo. Así que ahí estaba yo este sábado por la tarde, en pleno viaje espiritual infecto, frente a un cuadernillo lleno a rebosar de preguntas de química. En la primera página destacaban unas siglas: FIR. Debe ser algún tipo de iniciales de “Farmacéutico Infinitamente Refrito”. En todo caso estoy seguro de que si me hubiese gustado la química, si hubiese sido una persona diametralmente opuesta a la que soy, me hubiese encontrado con un montón de interrogantes sobre variaciones de la escala pentatónica, que Satanás, el muy cabrón, es un condenao y te fastidia siempre por donde menos te lo esperas.
Pero sigamos describiendo el lugar… En el infierno, al contrario de lo que se suele creer, el tiempo pasa deprisa, demasiado deprisa. Además las cosas que creías conocer a ciencia cierta parecen mutar frente a tus ojos. Fallas cuando no puedes fallar, fallas cuando puedes fallar y a veces, con una extraña inyección de adrenalina, aciertas cuando no debías acertar. El cerebro te juega malas pasadas, entre ellas la de subdividirse en regiones con nombres abstrusos, el muy puñetero. Dicen que del infierno siempre se aprende algo y supongo que llegando ese estado disociativo tan peculiar seguro que es verdad, aunque no se si lo que se aprende es algo bueno, pero esa ya es otra historia de la que os hablaré cuando esté más recuperado.
En fin, anteayer yo estuve en el infierno, pero me he escapado y ahora estoy de vacaciones. En unos diez días sabré si de la experiencia he sacado un bonito bronceado o si realmente he ardido y todavía no me he dado cuenta.
Lo único bueno es que, cuando estás acostumado a arder en muchas ocasiones, al final la quema ya no creo que duela, de hecho empiezo a considerar seriamente la posibilidad de haber sido ignífugo toda la vida, y yo sin darme cuenta…
*No, no es coña, luego la gente se pregunta por qué cada día diseñan edificios más horribles…
PREGUNTA: ¿Por qué últimamente para hacer 30 kilómetros en transporte público se han de coger el metro, dos trenes y un autobús?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué un titulado superior se ha de hipotecar para 40 años si quiere comprar un piso de 50 metros cuadrados en l’ Hospitalet?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Qué pasó con eso de las comisiones del 3%?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Para cuando unas elecciones con listas abiertas?
RESPUESTA. ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué nos gastamos 8000 millones de euros anuales en “defensa” si no nos ataca nadie?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué no se puede hacer un referéndum para refrendar la monarquía, si vivimos en una democracia?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Cuánto se cobra en este país por ser un hombre campechano?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué el sistema educativo Español parece estar sumido en una espiral de calidad descendente?
RESPUESTA: ¿Eing?
En fin, podría ser un puntazo que llevasen a ese en el que estáis pensando todos al programa de “Tengo una pregunta para usted”…
Para mi propia sorpresa en el último par de meses me he vuelto tremendamente eficiente.
Eso, evidentemente, está reñido con lo que podríamos llamar mi forma de “ser creativo”.*
La evolución-involución de marras a la larga podría llegar a ser deprimente, pero mantengo la esperanza de que el estado de excepción dure exactamente dos meses y medio. Después entraré en coma un par de días y lo que quede de mí intentará volver a la normalidad.
…Lo que quede.
Pues eso.
*Proceso que consiste en pasar infinitas horas con la mente en blanco, pensando en nada y escuchando ocasionalmente los susurros de perturbadores nebulosas mentales.
Sobre mi mesilla de noche hay una torre de vasos de cristal.
Antes había libros, de hecho sigue habiéndolos, pero presidiéndolo todo hay una torre hecha con cinco vasos de cristal. Alguno de ellos aún contiene un poco de agua, que se condensa en sus paredes, intentando salir de tan absurda edificación.
Cada noche añado un vaso más a la estructura, ni idea de hasta cuando pienso hacerlo pero es bastante evidente que la masa crece y crece y -quién sabe- tal vez un día acabe llegando al techo, incluso a perforarlo.
Creo que la inspiración para tamaña obra me viene del edificio que están levantando frente a mi habitación. En los últimos meses me he vuelto un consumado experto en el arte de la construcción, se diferenciar a la perfección el ruido de los dos taladros neumáticos de mis nuevos vecinos, distingo sin la más mínima duda cual es operario que maneja la máquina de cortar ladrillos y –lo más importante- me sé de memoria los pasos del proceso. Vendría a ser esto: aparta las tablas que protegen al andamio despertando así a los vecinos (7.20 de la mañana), desayuna (8.00), trabaja silenciosamente (8.30-11.26), raja ladrillos (11.26-12.30), hormigonea (13.30-13.30), a comer (13.30-15.00), raja más ladrillos (15.00-hasta que te canses), piropo a transeúnte (depende del horario de la/s transeúnte/s), silba buleria buleria (constantemente, se ve que es una parte importante del proceso), raja un par de ladrillos más (justo antes de irte, no sea que alguien eche la siesta), vuelta pa casa (la construida, no la obra). Y eso lo he aprendido con las persianas cerradas, vamos que cualquier día me pongo una venda en los ojos, subo a un acantilado desierto en plan Steven Seagal entrenándose en artes marciales y os construyo la Capilla Sixtina o –más acorde con mis maestros- una versión siniestra de Marina d’ Or.
Por lo pronto soy modesto y hoy añadiré otro vaso, algún día mi torre tocará el cielo.
Los trenes no van. La luz no va. Hay atascos. Hay goteras. No hacen más que oírse quejas.
Los políticos se culpan unos a los otros, el globo de agua que mientras circule no mojará a nadie.
Dichosos grupos electrógenos, meten un ruido casi tan fascinantemente horrendo como su nombre.
Ayer mi cabeza alcanzó la temperatura óptima para freír un huevo frito, pero resulta que esta mañana se ha levantado pasada por agua.
El verano en Barcelona siempre es mismo, sólo cambian las imágenes del calendario.
Home, sweet home.
Y mira, hasta he actualizado.
Volvió a arder la llama olímpica en un mundo torcido, en el que al final resulta que todo es lo que parece y todo parece confuso.
Flotaba la llama, consumiéndose a si misma, en un vano intento de recordar un espíritu que ya no existe, tal vez nunca haya existido, o tal vez siempre haya sido proclive a consumirse a si mismo ante la mirada de un divertido espectador.
La llama olía a gas butano, propano o insano, saliendo de la nada para convertirse en aire y ser respirada por los pocos curiosos que se acercaban a contemplarla.
¿Qué significa el deporte?- me preguntaba la llama y yo sin responderle, no soy un experto en el tema, lo mismo no significa nada, por qué todas las cosas han de tener un significado.
¿Qué significa el olimpismo? Pues ni idea, supongo que como todos los ismos no es más que una buena excusa para coger una bandera, realizar un esfuerzo y formar parte de algo, al menos por un instante, en un mundo que se expande y se contrae a una velocidad que da demasiado miedo como para ser reconocida.
Se ha ido la luz en media Barcelona, con el consiguiente montón de gente atrapada en ascensores, en metros, en tranvías, en atascos…
Desgraciaos, lo que llegan a hacer para promocionar el bicing.
En todo caso ahora ya me veo a todos los guardias urbanos y policías ocupados en redirigir lo que quede de tráfico, pobrecillos. Como al juez del Olmo le de hoy por retirar el nuevo libro de Harry Potter no van a poder con todo…
Prioridades, hay que tener prioridades.
El otro día un colgado ordenó retirar el Jueves…
…así que resulta que ahora la semana va a tener seis días.
Pero hay que ser optimista, si ya lo dice Mauro
Desde hace ya un tiempo vengo observando que la gente a mi alrededor se vuelve gris a una velocidad casi tan pasmosa como preocupante. Es cada vez más común encontrarse con algún conocido de hace un par de años y verle sumido en una rutina a todas luces aburrida y cíclica y repetitiva y alienante y puñeteramente viciada de un aire que no circula. En algún caso esa persona se rebela, se queja, se empeña en al menos intentar seguir adelante, pero en la mayoría sólo puedo observar una especie de satisfacción interior que no alcanzo –y tal vez nunca alcance- a comprender. ¿Qué tiene de gratificante saber con certeza qué demonios vas a hacer cada día, cada día, cada día en los próximos cuarenta años?
Hay veces en las que si supiese conducir (una avioneta, ya puestos a soñar) lanzaría botes de pintura sobre toda Barcelona.
A veces decir que el tiempo se escapa como arena entre los dedos deja de ser un símil absurdamente gastado para convertirse en algo totalmente fuera de lugar. Porque hay días en los que no nos queda ni una molécula de tiempo en las manos, que parece que nos las hemos lavado primero con jabón y después con lejía, para finalmente meterlas en un barreño con ácido sulfúrico.




Comentarios recientes