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Hoy todos los medios dicen que PODEMOS llegar lejos en Europa.
Los que no pudieron -ni tan sólo entrar- son los del grupo congoleño Konono nº1. Esos se quedaron sin gira y sin tocar en el Sonar. Por papeles, claro. Que aquí podemos unos, pero no todos, evidentemente.
Hala, ¡feliz verbena!
El fútbol puede tener muchas cosas buenas y muchas malas…
…pero, desde luego, es el único evento que consigue que todo el país se ponga a aplaudir la marcha de unos rojos españoles por Europa.
Que acabarán perdiendo, como siempre, pero… ¿y lo bonito que habrá sido?
Dicen que a los siete años uno cobra conciencia de si mismo. Que antes estás todavía desarrollándote como ser humano, que confías más en tus instintos, que tu personalidad no es la que vendrá después, que a efectos prácticos eres algo así como un pato. Luego, dicen, uno ya se queda igual que estaba, acaso sabiendo más cosas, alguna cicatriz más que menos, pero en términos globales todos somos un crío de siete años.
A esa edad yo no era el chaval más popular de la clase. Tampoco el que menos, afortunadamente. Aunque siempre hay gente que se traga toda la mierda del mocoso que resulta medir un palmo más de altura o ser un poco más imbécil o simplemente “estar pasando por una fase de-esas-ya-sabes cosas-de-críos” yo no estaba en ninguno de los dos grupos. Vamos, era un tipo normal, tan normal como los que me conocéis sabéis que puedo llegar a ser si me esfuerzo, al menos. El problema es que aquello no me gustaba. La sociedad de niños de siete años que llegaría a ser la sociedad de adultos que nos encontraríamos (sólo que con más dinero, sabiendo más sobre coches y alguno de nosotros-yo no, yo nunca- con bigote) no me gustaba en absoluto.
No me gustaba jugar al fútbol, no me gustaba meterme con el que llevaba gafas, no me gustaba jugar a cromos de tanques (bizarra invención, visto con perspectiva), no me gustaba meterme con el que estaba gordo, no me gustaba casi nada. Y para colmo mis padres no me compraban bollycaos. Vamos, un completo desastre. Y claro, tampoco me hubiese gustado ser el tipo con el que molaba meterse, aunque tampoco resulté ser el tipo que apartaba a los macarras y defendía a los desamparados. Por cierto, ese tipo en los dos colegios a los que fui en mi tierna y no tan tierna infancia no existía, el muy cabrón.
Pero a lo que iba. Dado que no me gustaba nada de lo que aparentemente era normal decidí inventar un juego. Ya, lo sé, ahora es cuando digo que se me aparecía un duende que me instaba a quemar cosas o que tenía un amigo imaginario que blablabla… Pues no, lo que se me ocurrió molaba mucho más. El juego se llamaba “los locos”. El planteamiento era sencillo. Los locos éramos dos, con cargo vitalicio, y el resto de la clase se dividía en dos grupos de veinte. Uno perseguía a mi amigo Raúl y el otro me perseguía a mí. Nuestro grupo de 20 personas tenía que llevarnos lo más rápido posible a la otra punta del patio, a pesar de nuestra férrea oposición. Quien llegaba antes ganaba.
Lo sé, suena absurdo. Acabo de decir que no me gustaba –a nadie le gusta- que la gente se metiese conmigo y el fundamento del juego consistía en que una turba enloquecida de futuros adultos de siete años me tenía que transportar contra mi voluntad a través de un campo de tierra hasta una pared de cemento lo más rápido posible. Por eso había unas reglas. No se podía pegar ni arañar ni aplastar a los locos. Sólo valía agarrarles, para algo eran pacientes. Los locos podían morder, arañar, golpear, masticar o utilizar cualquier treta que se les ocurriese, para algo eran locos. Aunque parezca imposible la gente respetaba las reglas. De hecho era lógico, porque el juego le gustaba a todo el mundo y evidentemente de no respetarlas no hubiese durado ni dos días. Los más fuertes tenían el honor de ser los mejores “transportistas” (la palabra celador era demasiado compleja para ser popular). Lo menos fuertes disfrutaban de un rato de paz siempre que no se acercasen demasiado a un loco.
Así que, durante los dos años que duró aquel estupendo juego y antes de que me cambiasen de colegio (no por ese motivo, los profesores parecían encantados) pude morder, golpear, empujar, escupir y utilizar todas las tretas que se me ocurrieron contra todos los chavales más macarras de mi clase. Impunemente claro, enajenación mental. En el peor de los casos su única respuesta era una sonrisa de felicidad si yo era el primer “capturado”. En el mejor de los casos se pasaban a mi equipo, como señal de respeto.
Dicen que a los siete años uno alcanza su personalidad definitiva, pero eso es falso. Ya no tengo tan buenas ideas como a los siete años, es una lástima.
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16:47 30-MAR-08
Cada día somos un poco más libres, dicen.
Saqué esta foto el pasado domingo en Francia, al cruzarnos con una manifestación improvisada de kosovares, exultantes por su recién adquirida independencia. Sin meterme en las razones de tal declaración –por lo que sé plenamente justificada, aunque con la censura y los sesgos que hay desde aquí es difícil formarse una opinión fiable- debe ser duro ahora para ellos depender casi exclusivamente de la publicidad. Sin los medios mirándoles, con sus propios problemas de infraestructuras y la “ayuda” de rusos, serbios y mafiosos aquel país puede convertirse en un infierno, aunque supongo que ya estaban acostumbrados. Así que pongo mi granito de arena para que penséis en el tema, para que ese rincón del tamaño de Asturias no quede aplastado por una versión chapucera de la guerra fría. Ya han sufrido suficiente para seguir siendo marionetas.
PREGUNTA: ¿Por qué últimamente para hacer 30 kilómetros en transporte público se han de coger el metro, dos trenes y un autobús?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué un titulado superior se ha de hipotecar para 40 años si quiere comprar un piso de 50 metros cuadrados en l’ Hospitalet?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Qué pasó con eso de las comisiones del 3%?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Para cuando unas elecciones con listas abiertas?
RESPUESTA. ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué nos gastamos 8000 millones de euros anuales en “defensa” si no nos ataca nadie?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué no se puede hacer un referéndum para refrendar la monarquía, si vivimos en una democracia?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Cuánto se cobra en este país por ser un hombre campechano?
RESPUESTA: ¿Por qué no te callas?
PREGUNTA: ¿Por qué el sistema educativo Español parece estar sumido en una espiral de calidad descendente?
RESPUESTA: ¿Eing?
En fin, podría ser un puntazo que llevasen a ese en el que estáis pensando todos al programa de “Tengo una pregunta para usted”…
Los trenes no van. La luz no va. Hay atascos. Hay goteras. No hacen más que oírse quejas.
Los políticos se culpan unos a los otros, el globo de agua que mientras circule no mojará a nadie.
Dichosos grupos electrógenos, meten un ruido casi tan fascinantemente horrendo como su nombre.
Ayer mi cabeza alcanzó la temperatura óptima para freír un huevo frito, pero resulta que esta mañana se ha levantado pasada por agua.
El verano en Barcelona siempre es mismo, sólo cambian las imágenes del calendario.
Home, sweet home.
Y mira, hasta he actualizado.
El otro día un colgado ordenó retirar el Jueves…
…así que resulta que ahora la semana va a tener seis días.
Pero hay que ser optimista, si ya lo dice Mauro
Barcelona es como Nueva York pero con más políticos.
-Woody Allen-
Ayer, dando una vuelta por La Información es Poder, me encontré con éste enlace.
Sí, resulta que este, mi humilde blog, como casi cualquier otro, también está censurado en China. Tenía una idea aproximada de la política de “protección de la sensibilidad” del gobierno de Hu Jintao, pero –triste pero cierto- comprobarlo en tu propia persona siempre añade cierto factor emocional.
En todo caso el dato de mi blog en concreto no es demasiado significativo, tampoco creo que hubiese millones de chinos desesperados por leer lo que pongo, pero la cuestión es que el dichoso enlace me ha hecho reflexionar un poco sobre la historia del cine.
Es curioso que muchos de los últimos estrenos que he visto últimamente, aunque cargados de efectos especiales –véanse sin ir más lejos los dichosos Piratas del Caribe-, no me han dejado ninguna huella. Tanto calamar gigante, tanto pirata esqueleto, tanta tormenta digital y la cuestión es que diez minutos tras finalizar la sesión todo ello me importaba muy poco, o nada. En cambio, al salir el otro día el tema de la película Psicosis a raíz del padre de Elvis Perkins (me repito, un cantautor muy interesante), me vinieron a la cabeza aquellas películas de Hitchcock en las que un corte de secuencia, un ángulo aparentemente inapropiado o una simple puerta cerrada causaban mucha más impresión que la escena más explícita.
Espero que si a un internauta chino le apetece ver este blog o la wikipedia o la página de amnistía internacional o las noticias de la BBC o qué pasó por allí en 1989 sienta esa misma fascinación que afecta al espectador de Hitchcock, que una dirección bloqueada no sea más que un recurso estilístico para estimular su imaginación y que piense más si cabe en eso que le han ocultado. Al fin y al cabo podrán hacer un gan esfuerzo por cerrar puertas, pero nunca podrán censurar la elipsis.



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