Como siempre que al pasar un año en el mismo blog me entra una crisis de esas en las que no actualizo nunca, he aprovechado para montar uno nuevo con otras dos personas.
Así cambio un poco de aires y entre los tres se actualizará más, digo yo.
O debería.
En este iré escribiendo de vez en cuando, ya se sabe, cosas polémicas que no me dejen poner en el otro.

Mi blog cooperativo

Hoy todos los medios dicen que PODEMOS llegar lejos en Europa.

Los que no pudieron -ni tan sólo entrar- son los del grupo congoleño Konono nº1. Esos se quedaron sin gira y sin tocar en el Sonar. Por papeles, claro. Que aquí podemos unos, pero no todos, evidentemente.

Hala, ¡feliz verbena!

Hoy en día no se me ocurre ningún grupo que pueda prescindir de sus hits más famosos en un concierto de dos horas y que de igual.
Excepto Radiohead, claro.
No sonó Creep, no sonó Karma Police, nos quedamos sin No Surprises… y todos tan contentos.
Conciertazo el de Radiohead el pasado sábado en su propio festival. Su nuevo disco entero, algunas canciones antiguas, la cara de loco de Thom Yorke… lo tuvo todo, hipnótico, tremendo.
Por poner alguna pega, el concierto empezó a demasiado poco volumen para el griterío de la gente, aunque el técnico lo fue corrigiendo… y no tocaron Pinball Wizard, por mucho que yo se lo pidiese.

El fútbol puede tener muchas cosas buenas y muchas malas…

…pero, desde luego, es el único evento que consigue que todo el país se ponga a aplaudir la marcha de unos rojos españoles por Europa.

Que acabarán perdiendo, como siempre, pero… ¿y lo bonito que habrá sido?

Este año sólo he ido el sábado *. En todo caso, ahí va la crónica.

Bon Iver: Tres músicos muy buenos, me quedé con el batería, el mejor del festival junto con el de Shellac, claro. Perfectos para arrancar con calma en el Auditori.

Times New Viking: Sonido amateur y fuerte, parones en medio de canciones, todos parecían estar como una cabra. Supongo que este tipo de conciertos funcionan dependiendo mucho del estado de ánimo del público, en todo caso yo me lo pasé muy bien.

Port O’Brien: Mira que el disco me gusta, pero en directo eran tan sosos que sólo aguantamos tres canciones…

Okkervil River: Para mí el mejor concierto de los que vi. Esperaba algo bueno, pero es que salió todo redondo. Grandes temas, sonido compacto, transmitiendo música por los cuatro costados. Hacía tiempo que no veía a un grupo no demasiado conocido meterse a la audiencia en el bolsillo con tanta facilidad. Incluso cantaron una canción en castellano.

Stephen Malkmus: Siempre he sido fan incondicional de Malkmus, desde hace la tira de años cuando estaba con Pavement, así que supongo que no soy imparcial. En todo caso el concierto me pareció muy entretenido, con toques progresivos interesantes. Lástima que el sonido del bajo estuviese demasiado alto, a niveles casi inhumanos. Pero había solos de guitarra de 2 minutos, lo que evidentemente compensa cualquier problema técnico ;)

Menomena: Sonaban exactamente igual que el disco. En mi caso, siempre que un concierto suena clavado a la grabación me aburro. Así que aburridos.

Madee: Todas las canciones parecían iguales.

Enrique Morente + Lagartija Nick: Me gustaron, aunque con reservas. La voz tremenda y el tipo de los zapateaos la mar de simpático. Por otro lado no entiendo por qué la audiencia parecía estar posicionada en los dos extremos de “esto es flamenco, que mierda” y “esto es flamenco y queda muy bien y ecléctico decir que es un concierto épico y apoteósico”. En todo caso la única gran pega es que no se aceptase mi apuesta sobre lo que tardarían los guiris en gritar olé a la primera oportunidad.

Dinosaur Jr.: Muy correctos, aunque sólo pude ver una parte.

Animal Collective: Yo esperaba pop con toques electrónicos y me encontré con una especie de Chemical Brothers, pero en todo caso la gente pareció disfrutarlo mucho. A mi ni fú ni fa, pero tampoco soy demasiado entusiasta con este tipo de grupos… el cierre del año pasado con Wilco y Sonic Youth me pareció bastante más interesante, pero supongo que soy un anticuado o un blando o algo así…

Antes, por la mañana, habíamos visto a Darren Hayman y Jack Hayter tocar canciones de Hefner en el parque Joan Miró (en mi barrio, nunca lo hubiese dicho). Estuvieron muy bien, simpáticos y tocando lo que el público quería oir. El ambiente en esta nueva localización me gustó mucho, a pesar de que algún enterado se pasase la mitad del concierto yendo de aquí para allá y hablando a gritos, lo que un poco de rabia sí que da…

En todo caso, el Festival volvió a valer mucho la pena, el año que viene si el cielo no cae sobre mi cabeza vuelvo.

*La razón es un inexplicable ataque de responsabilidad.

Tras 20 años congelado en tres películas memorables, Indy sale de la nevera en plena era nuclear.

Algunos se quejan de que el guión no es redondo, pero… suena la música, hay persecuciones en la selva, detrás de cada árbol puede haber una sorpresa… leches, eso es Indiana Jones, de hecho las otras tampoco tienen un guión perfecto. Pero te lo pasas pipa, como en esta. Y de eso se trataba.

Así que id a verla.

Va, que así lo mismo de aquí unos días hago una crítica sesuda de por qué meto esta peli en el cajón de “las buenas” con algunas -y digo algunas- de autor y por qué dejo fuera del mismo cajón a los Piratas del Caribe o a La Momia y a otras de autor.

Reflexión estúpida (*) que se me acaba de ocurrir:

Si Openoffice mola más que Office (comprobado por el que escribe estas líneas)…

Si Ubuntu mola más que Vista (he ido probando Ubuntu desde CD y visto lo Vista poco margen de error hay, en breve me cambio definitivamente)…

…¡¡¡OpenCola DEBE molar más que CocaCola!!!

(*) culpad al sueño debido a mi recién adquirido jet lag peremne

Si el tiempo vuela hay veces que tengo la sensación de ir en clase turista.

Dicen que a los siete años uno cobra conciencia de si mismo. Que antes estás todavía desarrollándote como ser humano, que confías más en tus instintos, que tu personalidad no es la que vendrá después, que a efectos prácticos eres algo así como un pato. Luego, dicen, uno ya se queda igual que estaba, acaso sabiendo más cosas, alguna cicatriz más que menos, pero en términos globales todos somos un crío de siete años.

A esa edad yo no era el chaval más popular de la clase. Tampoco el que menos, afortunadamente. Aunque siempre hay gente que se traga toda la mierda del mocoso que resulta medir un palmo más de altura o ser un poco más imbécil o simplemente “estar pasando por una fase de-esas-ya-sabes cosas-de-críos” yo no estaba en ninguno de los dos grupos. Vamos, era un tipo normal, tan normal como los que me conocéis sabéis que puedo llegar a ser si me esfuerzo, al menos. El problema es que aquello no me gustaba. La sociedad de niños de siete años que llegaría a ser la sociedad de adultos que nos encontraríamos (sólo que con más dinero, sabiendo más sobre coches y alguno de nosotros-yo no, yo nunca- con bigote) no me gustaba en absoluto.

No me gustaba jugar al fútbol, no me gustaba meterme con el que llevaba gafas, no me gustaba jugar a cromos de tanques (bizarra invención, visto con perspectiva), no me gustaba meterme con el que estaba gordo, no me gustaba casi nada. Y para colmo mis padres no me compraban bollycaos. Vamos, un completo desastre. Y claro, tampoco me hubiese gustado ser el tipo con el que molaba meterse, aunque tampoco resulté ser el tipo que apartaba a los macarras y defendía a los desamparados. Por cierto, ese tipo en los dos colegios a los que fui en mi tierna y no tan tierna infancia no existía, el muy cabrón.

Pero a lo que iba. Dado que no me gustaba nada de lo que aparentemente era normal decidí inventar un juego. Ya, lo sé, ahora es cuando digo que se me aparecía un duende que me instaba a quemar cosas o que tenía un amigo imaginario que blablabla… Pues no, lo que se me ocurrió molaba mucho más. El juego se llamaba “los locos”. El planteamiento era sencillo. Los locos éramos dos, con cargo vitalicio, y el resto de la clase se dividía en dos grupos de veinte. Uno perseguía a mi amigo Raúl y el otro me perseguía a mí. Nuestro grupo de 20 personas tenía que llevarnos lo más rápido posible a la otra punta del patio, a pesar de nuestra férrea oposición. Quien llegaba antes ganaba.

Lo sé, suena absurdo. Acabo de decir que no me gustaba –a nadie le gusta- que la gente se metiese conmigo y el fundamento del juego consistía en que una turba enloquecida de futuros adultos de siete años me tenía que transportar contra mi voluntad a través de un campo de tierra hasta una pared de cemento lo más rápido posible. Por eso había unas reglas. No se podía pegar ni arañar ni aplastar a los locos. Sólo valía agarrarles, para algo eran pacientes. Los locos podían morder, arañar, golpear, masticar o utilizar cualquier treta que se les ocurriese, para algo eran locos. Aunque parezca imposible la gente respetaba las reglas. De hecho era lógico, porque el juego le gustaba a todo el mundo y evidentemente de no respetarlas no hubiese durado ni dos días. Los más fuertes tenían el honor de ser los mejores “transportistas” (la palabra celador era demasiado compleja para ser popular). Lo menos fuertes disfrutaban de un rato de paz siempre que no se acercasen demasiado a un loco.

Así que, durante los dos años que duró aquel estupendo juego y antes de que me cambiasen de colegio (no por ese motivo, los profesores parecían encantados) pude morder, golpear, empujar, escupir y utilizar todas las tretas que se me ocurrieron contra todos los chavales más macarras de mi clase. Impunemente claro, enajenación mental. En el peor de los casos su única respuesta era una sonrisa de felicidad si yo era el primer “capturado”. En el mejor de los casos se pasaban a mi equipo, como señal de respeto.

Dicen que a los siete años uno alcanza su personalidad definitiva, pero eso es falso. Ya no tengo tan buenas ideas como a los siete años, es una lástima.

Cuando un concierto me gusta mucho entro en un estado de semitrance bastante curioso.

Cuando un concierto no me gusta nada me marcho/duermo.

Cuando un concierto se me hace agradable pero sin pasarse observo a la gente a mi alrededor.

foto de guitarra

Esto fue el sábado.

Nacho Vegas & Christina Rosenvinge + Raülmoya y El Trio Miniña + Belmez.

Estuvieron todos correctos, pero no acabé de conectar del todo con ninguno, diría yo…